Ya en el siglo XIX, Franz Schrader definió el Cañón de Añisclo como un “inmenso poema geológico”, un valle que guarda infinidad de secretos y misterios. Uno de los tesoros que tiene este paraje es la Fuente de los Baños.
Conocida también como Fuente de los Suspiros, se trata de una surgencia de agua situada en el límite del Parque Nacional, en el punto donde la carretera del Cañón de Añisclo se convierte en sentido único durante los meses estivales y puentes festivos.
Para llegar a ella, debemos descender más de 200 escalones hasta el fondo del río Bellos.
Esta surgencia destaca por sus aguas minero-medicinales, muy beneficiosas para los bronquios y epidermis.La gente de estas montañas tomaba agua de esta fuente y realizaba lo que se denomina “una novena”; tomar esta agua durante nueve días seguidos sin beber de otra agua de manera que permitía “limpiar el organismo”.
Una curiosa prueba para analizar el poder de esta agua es coger una botella casi vacía con un poco de vino u otro licor oscuro en el fondo y echar un poco de esta agua. Resultado: limpieza de la botella sin quedar resto alguno de otro líquido.
El agua de la Fuente de los Baños fue uno de los factores que permitió potenciar localidades como Escalona o Puyarruego, a donde llegaba gente de diversos puntos para tomar estas aguas termales del Cañón de Añisclo.
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